Otro año más que llega a su fin. Cada año somos irremediablemente más viejos, y no se si como consecuencia o por casualidad cada año pasa más rápido, al menos para mi. Quizás sean las canas, la experiencia, o la nostalgia que, inevitablemente, inunda en estas fechas los hogares y las conciencias, pero algunas cosas cada año las aprecio más. Una de estas cosas es una bonita tradición que desde ya hace unos cuantos años llevamos a cabo, la de escalar la mañana de Navidad en la emblemática escuela de la Manzaneda. Paredes ajadas y gastadas por el paso de miles de escaladores que como nosotros, se bautizaron como primeros de cordada en sus gotas de agua y sus regletas. Vías míticas como "La Nalona", "Hielo brillante", "Quo Vadis", "Escallos Malditos" o "Viaje Latino", que cada navidad reciben nuestras repeticiones, como si de un peregrinaje se tratase, y es que no hay vez que no lleguemos a la cadena sin deshacernos en halagos hacia tan buenas líneas, hacia tan magnífica visión que tuvieron aquellos pioneros de la escalada astur que se aventuraron en tan verticales muros con rudimentario material y mucha testosterona. Solo cabe dar las gracias y no perder estas bonitas cosas que nos brinda la escalada.
Un saludo y felices fiestas.

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