El mes de Enero acaba de la mejor manera posible. Apurando en la que ha sido la última salida a roca del mes me hago con "Ancestro Común" 7b en Silió, en un día mágico en el que también alcanzaron la cadena tanto Jairo como Polonia.
Ha sido un mes un tanto raro, y es que puede decirse que el tipo de motivación que me mueve ha cambiado. Por norma general siempre he primado el encadenar muchas vías a el meterme en proyectos duros cuyo encadenamiento puede llevar pegues y pegues e incluso no llegar. Digamos que el grado ha sido una consecuencia de acumular movimientos, de encadenar vías y no un objetivo en si. Llegados al punto en el que estamos, al grado alcanzado (que dicho sea de paso nunca creí llegar a alcanzar) un nuevo factor ha entrado en la ecuación: llamemosle ambición o llamemosle afán de superación o ¿por que no? llamemosle soñar. ¿Quién no ha visto el octavo grado como una quimera cuando se ha calzado por primera vez unos pies de gato?
A veces te cruzas en tu camino con personas cuya motivación, cuya manera de afrontar los retos te inspira y algo que no sabías que llevabas dentro sale a flote para sacar lo mejor de ti. Solo podemos agradecer a esta gente el que haya encendido esa chispa. Podremos llegar a ese punto que un día vimos como imposible o podremos quedarnos por el camino, pero por lo menos diremos orgullosos que lo hemos intentado. Y no olvidemos todo lo que la escalada nos habrá enseñado por el camino.
Cada vía que encadenas, cada movimiento que te tira te enseña algo. Soñar con un vía, repasar mentalmente las secuencias, los pies, las manos, los reposos...la alegría de llegar a la cadena o la decepción y el desánimo de que te tirase aquel paso que creías tener dominado. Aprendamos a lidiar con nuestro cuerpo, que unos días fluye ingrávido mientras otros pesa cual yunque. Dejemos que la roca nos enseñe, y SOÑEMOS.
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